Ya lo tienes montado. Sales a la primera salida, miras la pantalla y ves 218, 274, 190, 305, 246. La cifra no para quieta y no tienes ni idea de si eso es mucho o poco.
Es exactamente el punto donde mucha gente decide que el potenciómetro es un agobio y vuelve a mirar solo el pulso. No hace falta. Los primeros días tienen un plan muy sencillo, y empieza por no cambiar nada.
La primera semana: mirar, no corregir
Durante la primera semana, entrena exactamente igual que antes. La potencia es un dato más en la pantalla, no una instrucción.
Lo que estás haciendo esa semana es construirte una referencia, que ahora mismo no tienes. Rodar a 250 vatios no significa nada hasta que sepas si eso es tu ritmo cómodo de charla o el ritmo con el que llegas ahogado a los veinte minutos. Fíjate solo en esto:
- Con cuántos vatios ruedas cuando vas cómodo y podrías estar horas.
- Con cuántos vas cuando aprietas de verdad y sabes que no aguantas mucho.
- Qué número sale cuando subes un puerto a tu ritmo.
- Qué pasa cuando vas a rueda: verás que los vatios caen aunque la velocidad sea la misma.
Con esos datos ya se pueden establecer tus zonas de intensidad, que es el paso siguiente. Sin ellos, cualquier zona que te pongas es adivinar.
En la práctica: la primera semana el potenciómetro es un cuaderno, no un entrenador. Anota y no cambies nada.
Lo primero que hay que configurar: la media de 3 segundos
La cifra que salta como loca es la potencia instantánea, y es prácticamente ilegible sobre la bici. Casi todos los dispositivos permiten mostrar en su lugar la media de los últimos segundos, y esa es la primera configuración que hay que tocar.
La recomendación es la media de 3 segundos. Suaviza el ruido lo justo para que el número se lea, sin retrasar la lectura. La de 5 segundos también vale, aunque no está disponible en todos los aparatos. La de 10, no: es un intervalo tan largo que si dejas de pedalear la pantalla te sigue enseñando lo de antes, y en un sprint la información llega cuando el sprint ya ha terminado.
Con la media puesta, queda la segunda mitad del truco: pensar en rangos. Si ves 265, 253, 278, 260, 248, 271, no estás viendo seis números distintos. Estás rodando entre 240 y 280, que es una sola cosa. Solo cuando aparece un 220 o un 300 te estás saliendo de verdad.
En la práctica: media de 3 segundos y rangos de más menos 20 vatios. Con esas dos decisiones el aparato deja de marear en una sola salida.
Cómo montar la pantalla para no marearte
Una pantalla de datos no se llena poniendo campos hasta que no caben más. Se diseña, y el criterio importa más que los campos concretos.
Para el día a día, una pantalla general con seis datos es suficiente: tiempo, velocidad, potencia de 3 segundos, cadencia, frecuencia cardíaca y distancia. Lo que hace que funcione es cómo están colocados:
- Lo importante arriba y grande. Al añadir campos, los dispositivos van dividiendo las filas de abajo. Los tres datos que quieres ver de un vistazo van primero.
- El tiempo, en lo más alto. Tiene muchos dígitos, así que sirve de ancla visual: localizas esa fila y bajas por las demás sin buscar.
- Agrupa por formato. Los datos sin decimales aguantan bien una fila compartida. Los que llevan decimales, no.
- Orden de lectura. En una fila partida, el dato más importante del par va a la izquierda, que es por donde empiezas a leer.
- Deja lo que te motiva. La distancia parece prescindible hasta que llevas 47 kilómetros y aprietas un poco solo por llegar a 50.
Y una pantalla no tiene por qué ser la única. Lo habitual es acabar con dos o tres: la general para rodar, y otra distinta para las sesiones de series, con menos datos y más grandes.
En la práctica: si en tu pantalla hay algún dato que no has mirado en las tres últimas salidas, quítalo. Está ocupando sitio y tamaño.
Tres errores del principio
| Error | Por qué falla | |
|---|---|---|
| Ponerte zonas el primer día | Se calculan desde tu FTP, y tu FTP todavía no lo sabes. Primero se recogen datos | |
| Comparar tus vatios con los de otro | Sin saber su peso, su duración y su aparato, el número no dice nada. Y con dos potenciómetros distintos ni siquiera se miden igual | |
| Perseguir la cifra exacta que pide la sesión | Es imposible: la potencia oscila decenas de vatios por un bache o una ráfaga. Se trabaja en rangos |
Rodillo y carretera no son el mismo número
Es de las primeras cosas que sorprenden: los vatios del rodillo y los de la calle no coinciden, y a veces por bastante.
No es un fallo de ninguno de los dos. Son dos sistemas de medida distintos, con su propia calibración, y encima el rodillo añade calor, falta de aire y una posición más fija que hacen que el mismo esfuerzo se viva de otra manera. Lo práctico es asumirlo desde el principio: si vas a entrenar en los dos sitios, cada uno lleva su referencia, y no se mezclan en la misma comparación.
Qué hacer esta semana
Configura la media de 3 segundos y sal a hacer tu salida de siempre sin cambiar nada más. Al volver, apunta dos números: con cuántos vatios ibas cómodo y con cuántos ibas apretando. Con eso ya tienes por dónde empezar.
Cuándo el problema no eres tú
Si los números son sistemáticamente raros -saltos imposibles, ceros en mitad de un esfuerzo, diferencias enormes entre salidas parecidas-, antes de sacar conclusiones revisa el aparato: batería, puesta a cero antes de cada salida y la actualización del firmware. Los potenciómetros también fallan, y un dato malo interpretado como bueno hace más daño que no tener dato.
Lo que viene después
Cuando lleves un par de semanas de datos, el paso siguiente es fijar tu FTP, porque de ahí cuelgan todas tus zonas. Y a partir de ahí el potenciómetro deja de ser una pantalla y empieza a ser una herramienta de decisión.
- Qué es el FTP realmente (y qué no).
- Entrenar por potencia: guía completa, con las siete zonas y el resto del mapa.
- Para qué sirven los vatios por kilo, si te lo estás planteando como dato de pantalla.
Lo importante
El potenciómetro no viene a decirte lo que vales, viene a decirte lo que estás haciendo. Los primeros días no van de entrenar mejor: van de aprender a leer.
Y si prefieres que alguien convierta esos datos en un plan en vez de descifrarlos tú, eso es justo lo que hace un entrenador. Así entrenamos en ADN.