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Fisiología

Cómo usar tus zonas de pulsaciones en el día a día

Ya sabes cuáles son tus zonas, pero no se usan igual en un rodaje largo que en un día de series. Cuándo el pulso manda y cuándo hay que ignorarlo.

Ya tienes tus zonas calculadas y una tabla con cinco filas. El problema empieza el primer día que sales: en el rodaje largo el pulso se te va subiendo solo, en las series no te da tiempo a leerlo, y en el día de recuperación te cuesta ir tan suave como pone.

Las zonas no se aplican igual en todas las sesiones. En unas mandan y en otras estorban.

Qué zona toca en cada sesión

SesiónZonaCómo se controla
Recuperación Z1 (50-60 %)Por pulso. Es la que más disciplina pide
Rodaje / base Z2 (60-70 %)Por pulso, y con el test de la conversación
Tirada larga Z2 subiendo a Z3Por pulso, contando con la deriva
Ritmo sostenido Z3 (70-80 %)Por pulso: aquí es donde mejor funciona
Umbral Z4 (80-90 %)Por pulso si los bloques pasan de 4-5 minutos
Series cortas y sprints Z5 o sin zonaPor sensaciones y reloj. El pulso llega tarde

Fíjate en la última fila, porque es la que más gente ignora: en esfuerzos de menos de un minuto el pulsómetro no puede ayudarte. Tu corazón necesita entre 40 y 45 segundos para estabilizarse tras un cambio de ritmo, así que en una serie de 30 segundos el número que ves es el de lo que estabas haciendo antes.

En la práctica: en las series cortas, mira el reloj y las sensaciones. El pulso lo revisas después, en el resumen, para ver el conjunto de la sesión.

La zona más difícil es la fácil

Casi todo el mundo cree que la sesión complicada es la de series. En la práctica, la que más gente hace mal es el día de recuperación: se sale a rodar suave y se acaba en Z3 sin darse cuenta, porque el cuerpo pide y el terreno acompaña.

Y una sesión de recuperación hecha en Z3 no recupera ni entrena: acumula fatiga sin dar estímulo. Es el peor de los dos mundos.

El control aquí es simple: si en un día suave no puedes mantener una conversación con frases completas, vas demasiado rápido. Punto.

En la práctica: en los días suaves, el pulsómetro está para frenarte, no para animarte. Si te obliga a ir más lento de lo que te apetece, está haciendo su trabajo.

Por qué el pulso sube solo en las tiradas largas

Sales a Z2, mantienes exactamente el mismo ritmo, y a la tercera hora estás en Z3 sin haber apretado. No es un fallo del aparato ni una pérdida de forma: es deriva cardíaca.

A medida que pasan las horas, subes de temperatura, pierdes líquido y el volumen de sangre baja un poco. Para mover la misma cantidad, el corazón tiene que latir más veces. El esfuerzo interno es mayor aunque el ritmo sea idéntico.

Eso significa que en una salida de cuatro horas no puedes mantener la misma zona de principio a fin sin ir frenando progresivamente hasta ir muy lento. Lo razonable es aceptar que la última hora estará por encima, y usar esa deriva como información: si aparece muy pronto, suele ser señal de que vas corto de líquido o de que empezaste demasiado fuerte.

En la práctica: en tiradas largas, marca la zona objetivo para las dos primeras horas y deja margen para el final. Y si la deriva llega a la primera hora, bebe más.

Cuando el número y las piernas no dicen lo mismo

Va a pasar, y conviene tener decidido de antemano a quién haces caso.

Si el ritmo, los vatios o la velocidad son los que tocaban y las sensaciones acompañan, la sesión está bien hecha aunque el pulso esté unas pulsaciones por debajo de lo previsto. El pulso es un indicador de respuesta interna, y esa respuesta varía con el sueño, el calor, la hidratación y la fatiga acumulada.

Al revés también: si el pulso está donde tocaba pero vas arrastrándote y el ritmo no sale, no te agarres al número para darte por satisfecho.

Cuando la discrepancia se repite varios días seguidos, ya no es ruido: ahí conviene mirar qué está pasando, y eso lo tienes en qué hacer cuando las pulsaciones no cuadran.

Y si necesitas repasar de dónde salen esas cinco zonas y cómo se calculan las tuyas, está en la guía de entrenar por pulsaciones.

Lo importante

Las zonas son una herramienta de control, no un examen. Sirven para asegurarte de que la sesión suave es de verdad suave y de que la sesión de calidad llega a donde tiene que llegar; en todo lo que pasa en segundos, mandan las sensaciones.

Si te quedas con una sola idea: vigila los días fáciles. Ahí es donde se pierde más entrenamiento, y es la única zona en la que el pulsómetro te va a frenar en lugar de empujarte.

Ordenar todo esto en una semana coherente -cuántos días suaves, cuándo la calidad, cuánto aguanta tu cuerpo- es exactamente el trabajo de un entrenador. Así entrenamos en ADN.

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