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Fisiología

Entrenar por pulsaciones: guía completa

Qué mide de verdad el pulso, cuáles son tus zonas y en qué momentos conviene no hacerle caso. La guía que resuelve casi todas las dudas del pulsómetro.

El pulsómetro es el aparato más extendido en los deportes de resistencia y, probablemente, el peor entendido. Casi todo el mundo lo lleva puesto; muy poca gente sabe qué está mirando exactamente, y menos aún cuándo conviene no mirarlo.

Esta guía reúne lo que hay que saber para usarlo con criterio: qué mide de verdad, qué zonas existen y para qué sirve cada una, y -lo más importante- en qué situaciones el número te va a mentir aunque el aparato funcione perfectamente.

Qué mide el pulso y qué no

Las pulsaciones no miden el esfuerzo que estás haciendo: miden la respuesta de tu corazón a ese esfuerzo. Parece lo mismo y no lo es, y de esa diferencia salen casi todos los malentendidos.

Cuando pisas el pedal o aprietas el paso, la demanda es inmediata. La respuesta del corazón, no. Y hay días en los que la misma demanda produce una respuesta distinta porque has dormido mal, hace frío o llevas tres días de carga acumulada.

Por eso el pulso es una herramienta excelente para lo que dura minutos y una herramienta mala para lo que dura segundos.

En la práctica: el pulso es un termómetro de cómo está respondiendo tu cuerpo hoy, no un cronómetro de lo que estás haciendo ahora.

Las cinco zonas, y para qué sirve cada una

La finalidad de las zonas es clasificar la intensidad para saber qué proceso interno estás provocando. Trabajar en una zona u otra significa pedirle a tu organismo una reacción distinta: tirar más de grasas o más de glucógeno, generar mitocondrias, aprender a limpiar lactato.

Conviene saber una cosa desde el principio: las zonas no tienen fronteras nítidas. No hay un punto exacto donde dejas de quemar grasa y empiezas a quemar otra cosa; los dos procesos conviven y solo cambia la proporción. Por eso unos autores usan cinco zonas, otros seis y otros siete: es una escala de conveniencia, no una ley física.

Nosotros usamos cinco por pulsaciones, sobre tu frecuencia cardíaca máxima:

Zona% FCmáxQué estás haciendo
Z1 · Recuperación50-60 %Rodaje muy cómodo. Calentar, enfriar y asimilar
Z2 · Resistencia60-70 %La base. Aguantas horas y puedes conversar
Z3 · Aeróbico70-80 %Ritmo medio sostenido. Hablas con frases cortas
Z4 · Umbral80-90 %Ritmo de competición, «con el gancho»
Z5 · Máximomás del 90 %Insostenible más de unos minutos. Series duras

Los colores son los mismos que verás en la app y en el gráfico de tus sesiones, para no tener que traducir nada de un sitio a otro.

Si además entrenas con potenciómetro, allí la escala tiene siete zonas en lugar de cinco. No es una contradicción: son dos métricas distintas con su propia resolución, y el umbral sigue siendo Z4 en las dos:

Zona% FTPPara qué
Z1 · Recuperaciónhasta 55 %Sin fatiga añadida
Z2 · Resistencia55-75 %La base aeróbica
Z3 · Tempo75-90 %Ritmo medio sostenido
Z4 · Umbral90-105 %Lo que más mueve el FTP
Z5 · VO2 Máx105-120 %Series de 3 a 8 minutos
Z6 · Anaeróbico120-150 %De 30 s a 2 min. Con moderación
Z7 · Neuromuscularmás del 150 %Sprints de 5 a 15 segundos

En las dos últimas la frecuencia cardíaca ya no sirve: el esfuerzo dura menos de lo que tarda el corazón en responder.

En la práctica: cuando alguien te diga «lo hago en zona 4», pregunta de cuántas. Zona 4 de cinco y zona 4 de siete no son el mismo esfuerzo.

Cómo saber cuáles son tus zonas

La tabla de arriba está en porcentajes por un motivo: los porcentajes son universales, las pulsaciones no. Dos deportistas del mismo nivel pueden tener máximas de 175 y 198, y ninguno de los dos está haciendo nada mal.

Para convertir esos porcentajes en números tuyos hay tres caminos, de peor a mejor:

MétodoQué te daCuándo usarlo
Fórmula 220 - edadUna estimación con un margen de error de ±10-12 ppmSolo para empezar, y sabiendo que es orientativo
Test de campoTu máxima real y tu umbralLo habitual: se repite cada pocos meses
Prueba de esfuerzoLo anterior más un chequeo cardiológicoCada dos o tres años, y antes de empezar en serio

Sobre la prueba de esfuerzo, dos consejos que ahorran dinero. El primero: hazla en un momento en que estés bien. Si la haces el día después de una prueba larga o tras tres semanas parado, los valores no representan nada. Lo habitual es hacerla poco antes de empezar el periodo competitivo. El segundo: cuando te pregunten si la quieres con gases para calcular el VO2máx, piensa si vas a entrenar con la máscara puesta. Como la respuesta es no, ese dato es interesante pero no lo vas a usar en el día a día; si cuesta cincuenta euros más, se puede prescindir de él. Si son diez, adelante.

Y una precisión importante: tus zonas no son para siempre. A medida que mejoras, el mismo ritmo te cuesta menos pulsaciones y los rangos se quedan cortos. Por eso se testea de forma periódica y no una vez en la vida.

En la práctica: si todavía trabajas con 220 - edad, úsalo, pero no discutas con el número. La primera vez que hagas un test bien hecho, es probable que se mueva bastante.

El decalaje: por qué el pulsómetro llega tarde

Tu corazón no puede cambiar de pulsaciones al instante. Necesita entre 40 y 45 segundos para estabilizarse después de un cambio brusco de intensidad, y eso no es un defecto: es una protección. Si el corazón pudiera saltar de 120 a 175 en dos segundos, todos andaríamos con arritmias.

La consecuencia práctica es enorme y casi nadie la tiene en cuenta. Imagina una serie de 10 segundos a 180 ppm: si esperas a ver 180 en la pantalla y a partir de ahí cuentas los 10 segundos, habrás hecho una serie de minuto y medio o dos minutos. Habrás hecho otro entrenamiento distinto del que tocaba.

Por eso, en esfuerzos de menos de un minuto el pulso no sirve. Ahí se va por sensaciones y por reloj, no por pulsaciones.

En la práctica: cuenta el tiempo desde que cambias de ritmo, no desde que el pulsómetro te da la razón.

Por qué a veces te pedimos un número que no vas a alcanzar

Es una de las preguntas que más nos llegan: «me habéis puesto 180 ppm y no paso de 172».

A veces es deliberado. Si sabemos que tu techo está hoy en 175 y te pedimos 175, no tenemos forma de saber si te has acomodado ahí. Pedirte 180 te obliga a buscar 176, 177… Quizá hoy no llegues, pero el estímulo es el que queríamos.

Y hay dos situaciones más en las que no llegar no significa hacerlo mal: cuando la serie es demasiado corta para que el corazón responda (el decalaje de antes) y cuando arrastras fatiga y tu corazón se pone en modo defensa para no desgastarse. En los tres casos, si el ritmo, la potencia o las sensaciones son las correctas, lo estás haciendo bien aunque el número no lo refleje.

En la práctica: si el ritmo o los vatios son los pedidos y las sensaciones cuadran, la sesión está hecha. El pulso es un dato más, no el juez.

Lo que también mueve tus pulsaciones y no es el entrenamiento

El mismo esfuerzo puede darte números distintos por cosas que no tienen nada que ver con tu forma física:

  • Temperatura: en frío el pulso tarda más en subir; con calor sube antes y más alto.
  • Hidratación: la deshidratación altera directamente la respuesta cardíaca.
  • Sueño y estrés: actúan sobre el sistema nervioso autónomo, que es quien gobierna todo esto.
  • Cafeína y hora del día: desplazan la referencia unas pulsaciones.

Ninguno es motivo para dejar de mirar el pulsómetro. Sí lo son para no sacar conclusiones de una sola sesión.

Cuándo el pulso no es la herramienta

Resumiendo lo anterior, hay tres escenarios donde conviene guardarlo:

SituaciónQué usar en su lugar
Esfuerzos de menos de un minutoSensaciones y reloj
Sprints y cambios de ritmoPotencia, si tienes; si no, percepción
Días de fatiga evidenteSensaciones, y bajar el listón del día

Para todo lo demás -rodajes, tiradas largas, trabajo de umbral, control de la recuperación- el pulso sigue siendo la referencia más accesible que existe.

Por dónde seguir

Esta guía es el mapa general. Cada pieza tiene su desarrollo:

Lo importante

El pulsómetro no decide por ti: te da información para decidir mejor. Es una diferencia pequeña de enunciar y enorme de aplicar, porque cambia la pregunta que le haces al aparato. No es «¿voy bien?», es «¿qué me está contando hoy mi cuerpo?».

Y cuando el número y las sensaciones se contradigan durante varios días seguidos, hazle caso a las sensaciones y busca la causa fuera del entrenamiento. Los números ayudan, pero las piernas no mienten.

Si quieres que alguien lea esos datos por ti y los convierta en un plan, eso es justo lo que hace un entrenador. Así entrenamos en ADN.

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